top of page

Tejiendo a través del cuerpo.
Primera experiencia: biodanza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Natalia, Jair, Juan Miguel, Felipe, Geraldine, Cristian, Lorena, Karen, Raúl, Esteban, entre otros, son apenas letras juntas y repetitivas que no le alcanzan a la curiosidad para descubrir los mundos de las y los adolescentes, niños (as) y jóvenes que asistieron los días 21 y 22 de julio a la clase de bienvenida de “PaZiarte por el Porvenir”.

 

Las instalaciones del Centro de Desarrollo Comunitario de El Porvenir, fueron el escenario en el que por dos horas, cada día, los grupos se sumergieron en un primer momento de esta aventura que sería guiado por la magia de la biodanza.

 

En círculo y con una invitación en aras de la construcción de confianza, se les pidió a los participantes que dejarán de lado sus zapatos, chicos y chicas asumieron el reto entre murmullos, risas y mofas. Luego vendría uno de los saludos que el equipo de Rollo Libre ha querido compartir y promover para sintonizarnos con el espacio y en sí, con el territorio en el que realizamos nuestras actividades, éste, conocido por significar la reconexión con la memoria ancestral de los indígenas muiscas se reafirma a través de todos nosotros así: “Tierra en mis pies, agua en mis venas, fuego en mi espíritu y aire en mi aliento”

 

A partir de la pronunciación de estas palabras y su recorrido por los cuerpos de cada uno de los integrantes, se dio paso a algunos ejercicios de respiración… De allí, partimos a la unión y a la escucha para contar un breve relato sobre la potencia que podría adquirir ese momento para los presentes…

 

La biodanza, como la danza de la vida, no tiene que ver con tipos de bailes u órdenes establecidas para movernos, se trata de permitirnos encontrar, comunicar y compartir con nosotros y con el otro. Es la posibilidad de que cada ser humano se permita ser y estar, dejando de lado los prejuicios, las vergüenzas pasajeras y los pensamientos que a diario nos aquejan, por eso es que buscamos este espacio para relajarnos, mirarnos en los ojos del otro y provocar otras sensaciones y emociones en el ser.

 

Así y con la respuesta en la mente de cómo nos estábamos sintiendo ese día, se inició con una caminata lenta por el espacio, los ritmos de la agrupación Los Auténticos Decadentes marcaban los primeros pasos, gestos y movimientos que intuía el cuerpo; al terminar la canción volvimos al círculo inicial, símbolo del útero del que venimos y al que buscamos regresar en momentos precisos de la existencia.

 

Volver y partir una y otra vez, del centro a la periferia, fue la nota que marcó las acciones posteriores y las preguntas que suscitaron en el espacio una reflexión por el cómo andamos por la vida, si tuviéramos poderes que nos gustaría crear y qué significa caminar en círculos o simplemente sonriendo y mirando al otro cuando me lo encuentro.

 

Andando y provocando movimientos desde la autonomía y el sentir, el cuerpo encarnó aquellos días una conciencia sentipensante que sólo cuando lo decidimos y permitimos, sale a flote. Tomar flores que con la imaginación creamos todos y todas para luego regalarlas a través de la mirada al compañer@, atreverse a crear y realizar movimientos para expresar un poco de nuestro universo emocional e intentar regalarselos a los otros fueron también momentos representativos entre las y los jóvenes.

 

Entre sonidos instrumentales y músicas de diferentes tonalidades y ritmos, las y los futuros muralistas y fotógrafos se permitieron acercarse a esa idea contemporànea de considerar a nuestro cuerpo como un primer territorio, ello a partir de un trabajo de acercamiento al interior y a todo aquello que nos rodea. La fotografía y la pintura tuvieron en medio del taller un rol de inspiración, desde la imagen buscamos todas y todos imaginar aquello que nos gustaría crear con nuestras manos, aquello que pudiera ser quizá una representación de lo que vivimos, sentimos y anhelamos.

 

El territorio, nuestro cuerpo, nuestro barrio, nuestra localidad es entonces un gran tejido a través del cual buscamos promover la creación colectiva y el intercambio con la historia y lo que tiene para ofrecernos el lugar en el que habitamos. Por ello, los espacios de trabajo con nuestras emociones y nuestro cuerpo se convierten como los principales para de allí explorar la creatividad y la imaginación que llevará a chicas y chicos a compartir sus aprendizajes, miradas y sentires desde la creación de la imagen y la pintura en los muros.

 

 
bottom of page